“Quería tocar el terreno lo menos posible”: Lorenzo Castro sobre el Conjunto Residencial Niquia

Maarten Goossens

En medio de los bosques de los cerros de Suba al norte de Bogotá, Lorenzo Castro construyó su casa y las de una docena de familiares y amigos. El arquitecto cuenta cómo diseñó un conjunto residencial donde los habitantes deben dejar sus carros lejos de sus casas y donde no hay iluminación nocturna.

¿Cuál es el concepto clave del proyecto? ¿Surgió de una idea, del lugar, del usuario?

La idea era tocar lo menos posible la naturaleza y el lugar. Pensaba hacer un edificio de seis pisos con apartamentos duplex para minimizar el área afectado por la construcción. Al final resultó mejor hacer casas, pero no separadas sino agrupadas y bajando la pendiente. La idea era construir dieciseis casas, pero no de la manera típica del conjunto cerrado de casas aísladas en el que cada uno llega en su carro, parquea en su garaje y entra a su casa. Finalmente hicimos trece casas, y logré mantener el parqueadero arriba. La gente tiene que caminar del parqueadero hasta su casa, que en el caso de las primeras casas son escasos metros, pero para la última casa es una buena distancia. Eso fue una batalla dura, pero no quise ceder. La gente venía preguntando si no podían tener por lo menos una pérgola debajo de la cual pudieran dejar el carro, por ejemplo. Pero el parqueadero creo que está bien logrado, tiene dos pisos que tienen una inclinación del 6% para seguir el terreno en lo posible. La fachada la hice en madera para esconder de la vista los carros.

¿Cómo relaciona este proyecto con otros de sus proyectos?

El lote ha estado en la familia desde siempre. En 1963 mi papá (el también arquitecto Dicken Castro) construyó ahí una cabaña y posteriormente en 1967 la casa de la familia. Ahí vivimos unos pocos años, pero la casa sigue existiendo. Mi papá trató de vender el lote muchas veces, pero siempre era muy pequeño para las constructoras grandes o muy grande para las constructoras pequeñas, además, la ubicación tan cerca de los barrios populares de Suba parecía riesgosa. El nombre Niquia hace parte de una tradición de mi papá de ponerle a cada uno de sus proyectos un nombre que se refiere a alguna parte de su tierra natal, Antioquia.

Desde recién graduado diseñé varios proyectos para el lugar, pero ninguno se pudo construir. En su momento ofrecí el lote para que se hiciera la biblioteca de Suba ahí, pero se terminó haciendo en la 170, y yo tampoco insistí mucho porque no quería aprovechar de tal manera el hecho de que estuviera trabajando en la administración de Peñalosa.

En algún momento decidimos con mi hermano construir nuestras casas ahí y hacer el proyecto. Entonces llegaron familiares y amigos interesados, y cada vez iba participando más gente, hasta tal punto que nunca tuvimos que salir a vender el proyecto.

Antes de este proyecto había trabajado únicamente en espacio público por muchos años, así que fue hasta cierto punto una nueva experiencia hacer este conjunto. Sin embargo, no es que uno emplea diferentes metodologías. Yo hago arquitectura y por mi no hay mucha diferencia entre un piso y un muro.

¿Qué tanto y cómo se transformó el proyecto del diseño a la construcción?

Hubo muchos temas de discusión con los futuros habitantes, por ejemplo las puertas de vidrio que permiten que la luz atraviese las casas en la zona donde están las escaleras. Algunos querían un jardín privado con cerramiento frente a su casa, y tampoco lo permití. Fue una discusión permanente, pero este proyecto lo quería hacer exactamente como yo me lo imaginaba, así que no hubo mucha flexibilidad de mi parte.

Después de terminada la construcción, ya era cuestión de los habitantes que adaptaran las casas a sus gustos. Yo en mi casa cambié de lugar la cocina y el estudio. Algunos han hecho cambios que yo lamento, pero que van más allá de mi autoridad. En la obra les dije a los obreros, por ejemplo, que no corrigieran las imperfecciones del concreto porque se ven espectaculares. Pero ya muchos pañetaron partes del concreto a la vista. Y en los baños de los segundos pisos puse una especie de caja de madera por fuera de la casa que me permitió hacer las ventanas por toda la altura del piso, pero ya he visto muchas cortinas. La transparencia y la luz no gustan mucho en esta cultura.

¿Cómo y por qué eligió los materiales?

Quería lograr que las casas parecieran flotar sobre un primer piso de gran transparencia. Las casas tienen un sótano o nivel inferior que por lo general está con la mitad enterrado y la otra mitad es muy transparente, con algunas variaciones según las condiciones del terreno. Los materiales que escogí reflejan esa transparencia y ligereza: delgadas placas de concreto, vidrio, madera, metales.

Constructivamente, ¿cuál fue el detalle más crítico, el más exigente de resolver?

Por el mismo asunto de transparencia decidí no construir con el mismo ladrillo que mi papá había usado en la casa de la familia, porque los muros de división entre las casas hubieran tenido que ser de más de 50 centimetros. En lugar de ladrillo, quería un concreto estructural de 7 cm de grosor, y a pesar de que finalmente se construyó con un grosor de 10 cm creo que el efecto es muy bonito. Están esos muros y unas columnas metálicas, no más.

¿Qué es lo que más le gusta del proyecto?

Una de las cosas que creo que están bien logradas es el cerramiento del lote, cuyo diseño permite que se cubra con plantas, que animales pequeños y medianos pasen sin problemas, y que además casi no se vea. Se instala por módulos, sin necesidad de grandes intervenciones en el terreno. Yo quisiera que no fuera necesario que el lote estuviera cerrado, pero eso es muy difícil.

¿Qué haría diferente si tuviera la oportunidad de volverlo a hacer?

Me quedé con la duda de cómo hubiera sido construir en una mayor altura con una menor área afectada. Hay que ver también cómo algunos puntos críticos se mantienen en el tiempo, como la madera del parqueadero y las partes donde baja el agua recogida del techo. Y tal vez sea un sueño, pero quisiera que algún día se puedan abrir los senderos para la gente de los barrios de abajo. . El lote está en una pendiente y tiene entradas sobre la Transversal 91 y desde arriba. A mí me gusta entrar y salir por la entrada de abajo, caminar por los barrios de Suba y coger Transmilenio desde ahí.Si alguna vez estuviera de nuevo trabajando en una alcaldía, me gustaría trabajar para que se abran todos los cerramientos.

¿Visita el proyecto después de finalizada su construcción?

Como vivo ahí estoy en contacto permanente con el proyecto y los habitantes, y creo que la gente está feliz. Se vive muy cerca de la naturaleza: es bonito escuchar el sonido del agua que baja del techo, y la placa de piedra negra en el último piso recoge el agua y el sol, y libera el calor por la noche. Yo no quería que por la noche se iluminaran el terreno ni los árboles para dejar que descansara la naturaleza. Ahora los habitantes me dicen: “Después de vivir aquí entendemos lo que usted quiere con la oscuridad y estar cerca de la naturaleza”.

Comentarios

exelente propuesta, y manejo de espacialidad, realmente agradable al ver que la naturaleza prima sobre aquellas casas que se mimetizan poco a poco con su entorno, que buen espacio para la tranquilidad ....

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