"El resultado es un edificio donde el Estado -la Policía- y la comunidad se integran": John Ortiz sobre la Estación de Policía Belén
El arquitecto John Ortiz, director del Taller de Diseño de la Empresa de Desarrollo Urbano EDU de Medellín, habla de la Estación de Policía Comunitaria en la Comuna 16 barrio Belén en Medellín, una nueva mirada a estos equipamentos en el país.
¿Cuál es el concepto clave del proyecto? ¿Surgió de una idea, del lugar, del usuario?
Todo comenzó cuando la Estación de Policía Comunitaria de la Comuna 16, ubicada en un antiguo hospital e iglesia, predio donde luego se levantaría el Parque Biblioteca de Belén, debía ser relocalizada, oportunidad ideal para que se buscara un lote adecuado y se diseñara un proyecto arquitectónico a la medida de las necesidades. Sin embargo, los vecinos no querían una estación de policía en el lugar. Estos temores y prevenciones fueron superados con la ayuda de una trabajadora social que se dedicó dos años a desarrollar proyectos de sensibilización con niños y vecinos para transformar positivamente el imaginario que se tenía sobre las estaciones de policía, un trabajo apoyado por una propuesta arquitectónica fresca, innovadora y amigable.
El proyecto se implanta entre diferentes equipamentos del sector: el parque-biblioteca y dos establecimientos escolares, la institución educativa Jacqueline Kennedy y el San Francisco Javier. En el sitio donde actualmente está la estación se encontraba una cancha de microfútbol, la cual fue mejorada con otras canchas más e integradas al proyecto.
La Policía requería mejorar las condiciones espaciales para dormir, trabajar, comer, porque realmente estos edificios en nuestro país son poco pensados para cumplir con las actividades que desarrollan. Frecuentemente estas instalaciones se ubican en construcciones levantadas con otros propósitos, por lo que terminan causando incomodidades entre los ciudadanos a causa de las adaptaciones a las que se deben someter para ajustarlas.
Arrancar desde cero nos permitió tener un nuevo modelo de edificio de seguridad en la ciudad, que a su vez buscaba implementar un nuevo concepto de policía comunitaria. El resultado fue un complejo de aproximadamente 10.000 m2 pensados como un elemento integrador de cara a la comunidad; un edificio de más o menos 5000 m2 , construidos en tres niveles, que aprovechan la topografía del lote, con capacidad para albergar 120 uniformados. El primer piso es público, dotado con auditorio para 50 personas, gimnasio, restaurante, consultorios médicos, la oficina de quejas y reclamos y una plaza de armas, sin cerramiento, que permite que el estado –la Policía- y la comunidad se integren. El edificio tiene un nivel restringido, sin acceso ni vista al público, con cuartos técnicos, unas celdas de permanencia corta llamadas salas de reflexión, y 30 estacionamientos. El segundo piso es más íntimo, con habitaciones divididas en cuatro módulos. El módulo 1 es el de los comandantes. Los módulos 2, 3 y 4 son módulos con camarotes triples para los subalternos. Elementos tan característicos de las estaciones de policía como las garitas, se hacen presentes reinterpretadas en un par de terrazas o balcones ubicados tanto en su fachada delantera como trasera.
¿Este proyecto tiene cosas en común con otros proyectos?
Hace parte de una estrategia de diseño de edificios públicos desarrollada en el Taller de Arquitectura de la Empresa de Desarrollo Urbano EDU en los últimos cinco años. Hoy los CAI periféricos, las subestaciones y las estaciones de policía han creado una infraestructura coherente de seguridad para la ciudad. Un tema central ha sido la presencia de los edificios públicos como íconos, y dentro de este orden de ideas el uso del color ha sido un elemento clave.
Construimos un falso búnker, no es una edificación típica con ventanas, sino por el contrario, se trata de un gran volumen que parece flotar entre el barrio. Es un edificio con una piel que lo protege y lo vuelve referente. Es la piel que permite que el edificio sea evidente en el paisaje.
Inicialmente la propuesta era un edificio monocromático. En los renders era gris. El acabado final no lo habíamos decidido aún. Cuando llegamos a la propuesta del rojo, nos permitió diferenciar el edificio, crear un hito, crear un edificio que generara curiosidad e invitara a entrar. Una vez el comandante de la Policía de la ciudad visitó la estación, preguntó si era fácil darle una mano de pintura al rojo, con un gris o un negro. La respuesta que le dimos fue que más que un tema de color, era un tema de reconocimiento, de establecer un ícono, de mostrar el edificio en lugar de camuflarlo, de invitar a la comunidad en lugar de intimidarla, y que el color era determinante como un signo de esta transformación de las entidades públicas. En la escogencia de los colores participa la comunidad a través de talleres, vinculando estas al proceso.
¿Qué tanto y cómo se transformó el proyecto del diseño a la construcción?
La propuesta que hicimos se conservó a rasgos generales. Sin embargo por sobrepoblación, lo que antes eran espacios destinados para el gimnasio y el restaurante, hoy son habitaciones. Eso nos llevó a pensar en flexibilizar los espacios en los edificios que estamos proponiendo ahora. Las mutaciones que surgieron en este edificio, son enseñanzas que estamos teniendo en cuenta en los nuevos edificios que estamos diseñando.
¿Cómo y por qué eligieron los materiales?
La escogencia de los materiales viene de una reflexión interna del Taller de Diseño, y es que creemos que los edificios se deben pensar para el largo plazo, para unos cien años. La durabilidad y el fácil mantenimiento son criterios prioritarios, porque no sabemos si las próximas administraciones vayan a invertir en estos edificios. Por eso usamos concreto a la vista, baldosa de grano, estructura y carpintería metálica y la lámina perforada de Hunter Douglas para la fachada, que necesita cambio de pintura cada 20 años.
El microperforado hace que el edificio tenga un comportamiento durante el día y otro durante la noche. De día se percibe sólido desde afuera, pero permite contemplar el paisaje desde el interior. De noche, esa piel revela el interior, y el edificio se vuelve una caja de luz. Por eso, el edificio es referente las 24 horas: en el día por su color y en la noche por la luz que generan sus pasillos.
En el interior también sobresale un lucernario, que baña con su claridad la calle central del edificio.
Constructivamente, ¿cuál fue el detalle más crítico, el más exigente de resolver?
Creo que los vaciados de concreto fueron un reto muy grande. En los muros intentamos hacerlos más ligeros a través de perforaciones, que sirven también como ventilación. Al combinarlo con el microperforado, un material industrial y perfecto, buscamos un equilibrio.
¿Qué es lo que más les gusta del proyecto?
El vínculo que hace entre lo público y lo íntimo. Permitir que haya una calle, que la gente pasee, circule por el edificio. Es un trabajo de dos miradas, una física y otra social, sin las cuales el proyecto no sería exitoso. Las obras públicas deben generar cambios sociales, no basta con que sean bonitas.
También me gusta la presencia del edificio en el paisaje; el rojo en medio de los árboles.
¿Qué haría diferente si tuviera la oportunidad de volverlo a hacer?
Este edificio ya tiene tres años. Como Taller hemos reflexionado mucho sobre el tema del color, porque ha sido muy polémico, pero creo que ha sido un acierto como primer edificio. Hoy hacemos contenedores blancos y trabajamos el color al interior. En nuevos proyectos, no nos negamos a experimentar con materiales, texturas, o espacialmente, con nuevos desarrollos en circulaciones, recorridos y espacio público. Creo que Medellín se ha vuelto un laboratorio de arquitectura donde es posible tener y comprobar muchas ideas.
Otro punto es la sostenibilidad. Si lo volviéramos a diseñar, un tema como el reciclaje de aguas lluvias sería fundamental en este edificio.
¿Visitan el proyecto después de finalizada su construcción?
Sí, con alguna frecuencia. Es bueno ver que las respuestas en el barrio y en la policía han sido bastante positivas. Los policías aprecian la calidad espacial, la luz y la ventilación, especialmente en las habitaciones. La comunidad no creía que el edificio fuera una estación de policía, porque los espacios en el interior, los espacios que propone a nivel urbano -alamedas, plazoletas, arborización y canchas para la comunidad- y el color, no corresponden al imaginario de una estación de policía; oscura, triste, peligrosa, un edificio del que no se quiere ser vecino. Habla de un edificio alegre, un edificio que se transforma.




Comentarios
Interesante proyecto y especial solución, personalmente me preocupa es la respuesta institucional tradicional de la Policía, que hacía que un colega y amigo afirmara "nada más peligroso que un policía con un tarro de pintura verde y otro blanco" que se dedican a pintar piedras, árboles, edificios.. y no contentos con ello cierran el trafico.
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