El Sismo del 10 de Marzo, Más Allá de la Anécdota

Citu Experiencia Local

Ante la determinación de Los Santos como el segundo nido sísmico más representativo del mundo, El País, el Departamento y la sociedad santandereana debe evaluar y enfrentar esta latente amenaza: experimentar terremotos y en consecuencia, ver afectada sus vidas, el patrimonio y el desarrollo.

El sismo de magnitud 6.6 grados en la escala de Richter, con 161 kms de profundidad que se experimentó en Colombia a las 3:55 p.m de el martes 10 de marzo -principalmente en el departamento de Santander-, es un indicador trascendental para apropiar de una manera mucho más contundente “el estado de vida” que se requiere protocolizar en esta parte del país y del mundo ante la determinación de Los Santos como el segundo nido sísmico más representativo del mundo, sólo superado por Japón. El País, el Departamento y la sociedad santandereana no tienen una apropiación a la altura de una amenaza latente tan poderosa, como es la de la posibilidad de experimentar terremotos y en consecuencia, de ver afectada la vida, el patrimonio y el desarrollo de toda una región.

Si bien las autoridades hacen esfuerzos graduales por incorporar a la gestión del riesgo esta condición y se invierten presupuestos pequeños para avanzar en la prevención y pedagogía frente a este tipo de fenómenos, lo preocupante es el estado de criterio, consciencia y responsabilidad de la sociedad, en todas sus escalas, para vivir el día a día en el marco de una amenaza tan grande como la que implica la “segunda en el mundo”. Y el mundo, bien grande que es. No consideramos entonces, en esa misma proporción, que el Departamento de Santander sea el segundo lugar en el mundo más preparado para prevenir y actuar frente a una situación de estas. Por el contrario, aún hoy, después del fenómeno, hubo un gran espacio para “las bromas”, “los memes” y “la recocha”, principalmente en las nuevas generaciones, que como en muchos temas de vital importancia, evidencian el abismo profundo de sus procesos educativos.

Más allá de los mitos, los cruces de tinte religioso que tiene el tema, las leyendas de que “como tiembla todos los días nunca va a haber un terremoto” y hasta la responsabilización a “Hidrosogamoso” por la culminación de sus recientes obras, lo cierto es que incluso, en medio de la certificación de este nudo sísmico, siguen faltando muchos estudios técnicos y científicos detallados en medio de las principales concentraciones poblacionales de Santander, como lo es el Área Metropolitana de Bucaramanga, Barrancabermeja, San Gil, Barbosa y similares. Hay estudios parciales, incompletos y con metodologías que requerirían una profunda revisión, para tener un inventario altamente detallado de edificaciones en cada municipio y su capacidad de respuesta individual y en conjunto frente a diferentes niveles de sismo. También el cruce de los estudios geológicos con las realidades urbanas, los movimientos en masa, las pendientes y la topografía para tomar decisiones acertadas en el proceso de implantación de conjuntos habitacionales, expansiones urbanas, renovaciones urbanas y ampliación de las cotas de disponibilidad de servicios públicos.

En el campo educativo y cultural probablemente esté uno de los mayores vacíos, pues más allá de la idea de permanecer bajo el dintel de la puerta, la complejidad de habitar esta zona del mundo requiere una formación de más alta categoría, en donde niños, jóvenes, adultos, personas de la tercera edad, animales y demás integrantes de la sociedad, seamos expertos en entender primero que todo esta realidad, en saber sus implicaciones, escalas, consecuencias y las alternativas de prevención y acción frente a estos fenómenos en casos diferenciales, puesto que somos una sociedad marcada por profundas diferencias, en donde no es igual el terremoto en un edificio recién construido en la Carrera 39, que un terremoto en un asentamiento precario, construido con materiales de desecho y con técnicas y saberes improvisados. Este campo educativo requiere una red y un sistema integrado de procesos de formación, interacción e intercambio en todas las etapas de la vida para poder consolidar una estructura social con capacidad de entender y afrontar su realidad.

No se trata esto de un mensaje “alarmista”, “exagerado”, “coyuntural” o “apocalíptico”, pero ante el episodio es fundamental revisar con trascendencia nuestra forma de estar en el mundo, dada su alta particularidad amenazante. Hay que superar esa imposibilidad y límite institucional de las últimas décadas que reza que “sabemos que hay una gran amenaza, pero es muy difícil abordarla” o ante la realidad de los asentamientos precarios reconocer su altísima vulnerabilidad con el otro dicho común: “cuando haya un terremoto ahí sí todo esto se cae”. El segundo nido sísmico bien valdría la pena tomarlo como epicentro de la forma de entender el desarrollo territorial, económico, ambiental y casi que una variable permanente para tomar decisiones que impliquen la habitabilidad de quienes integramos esta región y en donde el primer renglón se basa en la capacidad que tengamos de “conservar la vida”, base primigenia de cualquier discurso de sustentabilidad, tan debatido y compartido recientemente.

Más allá de la anécdota, lo más importante es tener la profunda apropiación de esta condición particular y amenazante y actuar en consecuencia sobre todo cuando el 12% de la población para el caso del Área Metropolitana de Bucaramanga vive en asentamientos precarios. Más allá de la anécdota, de la historia particular de cada quien con su familia, vecinos, los que ni lo sintieron o los que aún están en estado de shock y nervios producto del fenómeno y de no tener claridad sobre si “mi edificio es sismo-resistente o no”, "si fue construido después del ajuste de la norma", lo importante aquí es una reflexión de orden cultural, de sentido ético para quienes toman decisiones políticas y de urbanización, para entender que los episodios sí se pueden dar, que se dio uno muy alarmante y que podrán seguir sucediendo y que lo que está en juego es el desarrollo regional, la vida de la colectividad, la conservación de los patrimonios tangibles e intangibles que ha dado la historia y sobre todo la pertinencia o la coherencia en el sentido de entenderse como una sociedad.

Aquí hemos estado muy acostumbrados a que nuestras determinantes sean hacer y decir lo necesario para que la ciudad luzca bonita y sea atractiva a la inversión, la realidad es que más de 100.000 personas viven en las condiciones más vulnerables que puedan existir en un centro poblado. Quizás el sacudón nos haga recordar que somos la segunda población más amenazada por sismos en el mundo, y que para eso quizá lo mejor no sea hacer una bonita valla publicitaria; quizá lo mejor para eso sea educarnos y actuar en coherencia.

Como en el Área Metropolitana de Bucaramanga los daños reportados y registrados fueron finalmente pocos, y ante la posibilidad de que la "marea mediática" baje, es importante conservar y promover el debate, para enfrentar la situación de municipios y habitantes de las provincias del Departamento que se vieron altamente afectados, principalmente en Betulia, Rionegro y Matanza, lugares que fueron declarados de "calamidad pública". En estos tres municipios, cientos de casas y miles de personas tuvieron algún tipo de afectación, desde daños menores hasta la imposibilidad de habitar nuevamente sus viviendas. Colegios, instituciones de diferente índole y redes de servicios se vieron afectados, transtornando la dinámica de vida de estas poblaciones y afectando sus patrimonios, estabilidad familiar y proyección, y dejando abiertos interrogantes sobre vulnerabilidad y sobre la revisión de los procesos de construcción, uso de materiales, lógicas sismo-resistentes, actualización de estructuras y educación dentro del ciclo de la gestión del riesgo.

El hábitat urbano y el hábitat rural son igualmente importantes a la hora de establecer políticas públicas y estrategias urbano-territoriales y para el caso de Santander, lo sucedido en 17 municipios afectados es de obligatorio aprendizaje, reflexión, análisis, planeamiento y acción.

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