¿Qué pasó? Cómo y Porqué se Descuadernó el Diseño en Colombia

Jorge Montaña

En pleno Bogotá Design Festival es oportuna esta reflexión sobre el estado actual del diseño en Colombia, esperando que este evento ayude a cambiar el desolado panorama que enfrentan los diseñadores locales hacia un futuro promisorio, basado en la articulación y la sinergia.

**Dos hechos casi simultaneos, retratan la situación de descomposición del diseño independiente en Colombia. La primera tiene un caracter simbólico pero poderoso, una revista " de diseño" CasaViva hace una separata llamada: "Un estilo dos presupuestos" en la cual se toma la molestia de hacer una concienzuda investigación de precios de productos originales de diseñadores que reciben sus regalías, al pie de sus fotocopias copias chinas, con una insolente desfachatez.

La otra, mucho más dramática y quizas desapercibida, la quiebra de la empresa AreaLoft, una de las últimas trincheras que tenían los diseñadores y productores de Bogotá para exhibir y vender sus productos. AreaLoft alcanzó a tener cuatro tiendas en Bogotá y quizas su filosofía de solo comprar y vender productos hechos y diseñados en Colombia, fue uno de los factores determinantes para su cierre. Con ella se cierra una época que alguna vez fue dorada. Cristina Biermann su propietaria es nieta de Werner e hija de Felipe, termina una dinastia que llegó a su auge con muebles Bima, en los años 80s y 90s. La meca de un diseño colombiano que se veía vigoroso y pujante. El cierre de Bima por algunas decisiones estratégicas desafortunadas de sus propietarios en un periodo de crisis durante los años 90s, afectó a muchos. AreaLoft rescató su espiritu y también el de muchos de su proveedores que con ellos continuaron hasta su desafortunado cierre el año pasado.

Arrinconados

Hoy la situación del diseñador industrial en Colombia es sencillamente catastrófica, como resultado de un proceso mucho más dramático de desmantelamiento sistemático de la industria nacional, en pro de tratados de libre comercio hechos a la medida de las grandes corporaciones, se ocasiono el debilitamiento y arrinconamiento de las pequeñas y micro empresas, que durante décadas fueron tenidas en cuenta por los gobiernos por su potencial de crecimiento. Pero especialmente la llegada arrasadora de almacenes "grandes superficies" e importadores que sin ningún criterio diferente al económico reemplazaron buenos productos por sus similares más baratos chinos, lograron cambiar la mentalidad del consumidor que dejó de buscar calidad, seducido por el precio.

Las tiendas que vendían diseño nacional, o se quebraron o trataron de adaptarse con poco éxito al mercado de la copia. Varias empresas productoras empezaron a traer lo que antes producían, convirtiéndose así en ensambladoras o en directamente comercializadoras.

Otras del sector servicio como bancos, cadenas de tiendas y relacionados con ocio y diversión fueron compradas o absorbidas por empresas multinacionales, que traían ya sus diseños y que apenas buscaban proveedores.

Las empresas colombianas no se quebraron, se adaptaron. En vista que los almacenes y distribuidores ya no les compran, se enfocaron en ventas directas o mercados de nichos mucho más enfocados a productos desde el servicio. El innegable el crecimiento de la economía colombiana y la capacidad de adaptación de los empresarios que los llevó por otros caminos es asombrosa.

Los productos de diseñadores, cuyo valor agregado era el diseño, daban un margen para vender a distribuidores. Ahora estos distribuidores o no existen más, o ya no les interesaba el negocio por la abismal diferencia de precios. Entonces desaparecieron o migraron a pequeños nichos, mercados de temporada, tiendas pequeñas, espacios "underground" que aún le apuestan al diseño local desde la exclusividad.

El negocio del volumen terminó y con él, el interés del diseñador por producir. Si usted quiere vender en estas pequeñas tiendas seguramente le van a solicitar su producto en consignación. No sirve.

Los diseñadores, que son muchos convertidos en empresarios, dejaron la producción de productos por soluciones a la medida. Varios nos sostenemos. Pero llevar un negocio suele ser tóxico cuando se quiere simultáneamente hacer diseño de calidad.

Buena lectura, mala estratégia

La mayor parte de las facultades de diseño industrial, haciendo un análisis equivocado de la situación, asimilando que como no se veían productos de diseñadores en el mercado, ellos no estaban diseñando productos, tomaron la decisión de cambiar el enfoque, quitando todo el riguroso enfoque técnico hacia una nueva visión más "holística" donde el diseñador ya no hace un plano o una maqueta con sus manos, pues debe ser un creador e innovador que no más hace productos, sino proyectos. Trascender del hacer cosas a lograr que cosas se hagan. Suena bien pero no funciona.

Este error acabó con el diseño industrial. Era lógico que un diseñador que se gradúa y no encuentra cómo hacer productos, haga proyectos de otras cosas y que su creatividad tenga otros canales. Eso ya estaba sucediendo. Pero al perder su bagaje técnico, la perdida de saber "pensar con las manos", el entender los materiales y saber como representar haciendo un plano, entender de costos, de producción y lograr la empatía con los micro empresarios que eran sus asociados más que clientes, los mando al peor de los escenarios: Perdieron su identidad.

No pensaron nuestros académicos que otros profesionales también son creativos y en ocasiones mucho más pues no cargan con la rigidez metodológica mal explicada que tanto estragos logra en la formación. El diseñador actual no tiene un diferencial, la propuesta de valor que la daba el "pensar con las manos". Al final de cualquier proceso creativo, sale el producto y el nuevo diseñador que no lo sabe adaptar y representar está fuera de base. Ese es el problema del "diseño sin apellido".

Quienes hoy trabajan en estas áreas de crear start-ups, son artistas, músicos, programadores y publicistas. Pocos diseñadores industriales trabajan en ese campo.

¿Y las empresas?

Volviendo a las empresas colombianas, como pasaron de una etapa de crecimiento a una de supervivencia, un diseñador enfocado en innovación es inútil y costoso: Ellos requieren labores operativas y técnicas donde el diseño tiene un papel necesario.

Es por eso que muchos diseñadores salen a hacer renders y presentaciones o directamente hacen de vendedores, compitiendo muy desfavorablemente con técnicos en diseño de productos del SENA que por cierto tienen una inmensa acogida en el mercado laboral por algo sencillo: resuelven.

Si las empresas, están en un momento de estancamiento o a la defensiva por políticas erróneas, como la actual, no puedan invertir en innovación por elemental supervivencia, su necesidad es de proyectos cortos, de lucro inmediato. Buscan negocios, no proyectos.

En esta instancia un diseñador industrial tradicional está en desventaja con los técnicos que como hoy tienen el mismo acceso a la información, y una formación más básica pero funcional y un conocimiento técnico que se perdió en la facultad tradicional, son los que el mercado requiere.

Entonces el profesional llega a pelearse el campo con el técnico, en desventaja.

Sin reconocimiento

Pero también tenemos un problema sociocultural importante: Si bien otros sectores como el arte, la música o incluso la gastronomía se reconoció la importancia a lo nuestro, ni las empresas ni mucho menos los diseñadores enfocados en mirar para sus referentes europeos lograron que la identidad local tuviera un valor. Las contadas reflexiones representadas en productos que nos dijeran algo, no han tenido la mínima repercusión. He allí otro problema, la bajísima calidad y criterio de revistas como la que ilustré al comienzo de esta nota. La inexistencia de periodistas de diseño, como los que sí tienen países como Brasil, Argentina o incluso Venezuela que ayuden a formar un gusto u opinión no creó una masa crítica que entienda y disfrute el diseño, como sí sucede en campos cercanos como la arquitectura o el arte.

Los diseñadores con excepciones que se cuentan con los dedos de una mano, no escriben, por lo tanto no se comunican con un público más amplio.

Nuestras revistas de diseño con muy pocas excepciones, son catálogos de productos y sus patrocinadores son las tiendas, donde el diseño colombiano no interesa. Ningún medio se ha ocupado del diseño desde lo local. Los éxitos de los diseñadores sólo son mencionados cuando vienen de fuera pues tenemos una curiosa costumbre -digna de análisis sociológico- de celebrar a los "triunfadores en el exterior", de modo que el diseño colombiano es para quienes lo estudian: norteamericanos, italianos, brasileños en fin, sea cual sea el país que acoja al diseñador auto-exilado que, por estar afuera, tiene la resonancia.

A veces estos nos visitan y asesoran entonces a Universidades, gremios o cámaras de comercio, que son las instituciones desde las cuales se llega a las empresas. Si bien estos profesionales tienen una práctica innegable y experiencia necesaria no tienen el concepto ni visión de las necesidades y obviamente no conocen los factores locales, su digno ejemplo, no aplica.

Oportunidad Perdida

El diseño en el mundo es considerado un asunto prioritario para mejorar la competitividad del país y esto en algún momento fue claro aquí.

Colombia fue uno de los primeros países que tuvo un plan de diseño a mediados de los años 1990s, este programa con asesoría de diseñadores que tenían una formación italiana, tuvo corta duración e inspiró otros que si despegaron como el brasileño, pero en dos años desapareció.

Entre los años 2006 a 2008 un grupo de diseñadores y empresarios con el apoyo del SENA desde su "Mesa de Diseño", logramos reactivar este programa. Se hizo un "Foro Colombiano de Diseño" del cual se estableció un diagnóstico con 750 participantes en Bogotá y Medellín, que eran asociados a este plan, se delegó en el Ministerio de Industria y Comercio que ya tenía el plan de los 90s para reactivarlo y articular a los diferentes actores que participaron. Se hizo un proyecto detallado de actividades, costos y objetivos con el cual se relanzó el programa. El estudio nunca se publicó: nuevamente quedó en un cajón. Entonces dejamos de ser útiles.

A cargo del programa llegó una persona que no era del sector, no tenía conocimiento de los antecedentes y durante dos años se encerró sin comunicar absolutamente nada de sus resultados.

Posteriormente llegó al cargo un diseñador, pero nuevamente ignoró los resultados del foro que le dio el mandato: hizo una serie de actividades dirigidas a algunos empresarios de las cuales no tenemos registros de resultados. Llamaron a la UNAL a hacer el mismo estudio que terminó en la convocatoria para recibir un carnet que algunos tienen como recuerdo para dejar en porterias de edificios como monumento al mayor "oso" en la historia del diseño en Colombia. Fuimos inferiores al reto y el gobierno se desinteresó.

La Asociación Colombiana de Diseño que nació de la sinergia que generaron estas acciones fue ignorada por el gremio que quería representar y fue un nuevo fracaso. Los diseñadores entonces somos también culpables de nuestra propia debacle.

El resto de acciones aisladas son siempre oportunidades de recoger algún dinerito u oportunidad y el diagnóstico del problema original: Desarticulación. Ahora se le suma otro ingrediente: Apatía y desengaño.

¿Y la solución?

El problema como verán es bien complicado, parece de un enfermo desahuciado, sin embargo confiemos en la capacidad de rebusque y creatividad ante las adversidades. El diseño hace parte de la cadena de la producción y está directamente atado a la industria, nuestro destino es indisoluble y es con ellos quienes debemos contar como aliados, especialmente los más pequeños. Los rescoldos aún arden en aquellos muchachos que se defienden en mercados de nicho y las pocas tiendas que por tener una identidad y una propuesta de valor entendible, pueden crecer. Una de ellas puede ser el próximo Bima, cuando, como es previsible venga otra devaluación que nivele la competencia con los extranjeros. Quizás de ellos y de aquellos pequeños negocios que hoy sorprenden a turistas y propios, surja un movimiento como el que ya vivimos, que inspire a otros.

En Colombia existen pequeños laboratorios exitosos, Villa De Leyva, una agradable y pintoresca localidad turística a 3 horas de Bogotá, en el departamente de Boyacá, tiene una serie de tiendas y espacios de creadores en moda mobiliario y artesanía de autor realmente deslumbrante.Pasto, en el sur de Colombia, tiene un movimiento sostenido y un estilo reconocido. En Barrios de Bogotá como la Soledad y otros locales escondidos en otros sectores se ven buenos esfuerzos, muchas veces asociados a nuestra " mamá", el arte o nuestro "papá" la arquitectura.

De 25 años de desarrollo del diseño en la artesanía surgen propuestas deslumbrantes, su feria Expoartesanias en Bogotá, es una deslumbrante inyección de optimismo sobre la creatividad colombiana y un diseño donde la identidad fluye naturalmente.

Todas las grandes empresas fueron pequeñas una vez y crecen. Hoy tengo entre mis clientes empresas que comenzaron en un garaje o una ramada con piso de tierra con las cuales trabajaba, como lo sigo haciendo hoy en asociación. A estas empresas les va bien y es porque ya tienen el diseño en su DNA.

En un párrafo anterior me refiero a la falta de conocimientos técnicos: toca estudiar. Las escuelas de artes y oficios están llenas de diseñadores que quieren aprender a pensar con las manos, pero no es suficiente. Debemos aprender a ponernos en los zapatos del otro, esto implica un sistemático plan de actualización y estudio sino para hacer, para entender y por ende, resolver.

También debemos aprender a trabajar en equipo. En un mundo complejo de altos retos y oportunidades trabajar solo es desventaja. Toca sumar y esto implica relaciones, eventos, gestión y exploración de nuevos escenarios donde encontremos otras personas con el mismo interés emprendedor pero otras competencias de las que carecemos.

Pero si nosotros, diseñadores, empresarios que creen en el diseño, público que se interesa, altos funcionarios de gobierno y empresarios que alguna vez amaron diseñar no nos articulamos, entendemos nuestro problema común y actuamos, el diseño colombiano va a seguir en la insignificancia y el país en el atraso. Al asunto toca meterle lobby y política pero solo cuando estemos a la altura del reto, cosa que infelizmente no se vislumbra.

Llegó la hora de Los Makers

El concepto es muy poderoso; se hace un diseño en un computador se manda por correo electrónico con unas sencillas instrucciones y una máquina lo construye o reproduce en otro lugar. La tecnología es muy variada, aplica para todos los materiales y técnicas. Las máquinas que cortan lo hacen con tal precisión que el montaje es cosa de niños. Las impresoras tradicionales ya no solo lo hacen sobre papel, también sobre tela, metales, melaninas, chapas de madera y cualquier material semiprocesado es susceptible de ser impreso, cortado , tallado o modelado.

Este interesante fenómeno ha puesto patas arriba el sistema de producción tradicional y ya está erosionando las bases del comercio tradicional. Así como ha sucedido con la música y el sector editorial, la producción se está horizontalizando y encontrando sus propios canales de distribución a partir del entusiasmo de creadores, que han vuelto del asunto un regocijo perpetuo, donde la base es el aprendizaje y la colaboración mutua. El fenómeno traspasa también el rol de las profesiones. No solo diseñadores se meten en el cuento, para la exposición encontramos un abuelo (Arturo Cuellar) que diseñó un juego de catapultas, para sus nietos y lo volvió negocio, la precisión de la tecnologia de corte digital lo permite.

Curiosamente este fenómeno social sigue siendo un poco “underground” y la potencia de su concepto y lo que está representando en términos de competitividad y crecimiento, de quienes a esto se dedican, nos llevó a plantearnos la hipótesis de hacer una convocatoria internacional, tras la cual haríamos una exposición de productos para la venta, pagando a sus creadores una regalía e invitando a nacionales que ya utilizan estas técnicas a que también expongan lo que hacen.

Fue así como nació en Bogotá la idea de hacer la exposición "Los Makers la producción ubícua", que tras pocos meses de gestión y como evento del Bogotá Design Festival, entre el 3 y 7 de marzo, será presentada en el local 208 2do. nivel del Centro Comercial Atlantis, con el patrocinio de las empresas Mafordi, Voxel ,Imocom Segmento, Massa.la e Interna y el apoyo institucional de Bogotá desde su Consejería de Tics, con 25 participantes 6 internacionales.

Son tantas y tan buenas las historias alrededor del fenómeno maker y su poder social y tantos los talentos que encontramos, que de la exposición nació un evento paralelo de conferencias y talleres. Lo llamaremos Market Station y estará en diversos escenarios de la ciudad

Historias interesantes, como un estudiante que se dedicó a hacer prótesis para niños - Christian Silva, otro que ganó una convocatoria de Kickstarter con unos robotcitos con pitillos, los arquitectos Perez Reitter Arquitectos - par que llevan las exploraciones tipologías orgánicas desparramadas en laminas secuenciales de MDF, vestidos con estampados creados a partir de imágenes microscópicas de pulgas María José Leaño, artistas que imprimen vajillas - Maria Paula Barón, accesorios para mascotas - Diego Hernández, zapatos con estampas geométricas inspiradas en motivos étnicos - Jose Argotty, mesas de sala a partir de un tejido tradicional mexicano - AvoStudio, joyas, obras de arte, elementos de vestuario: un derroche de creatividad sin límites y un acto de fé en el diseño y la creatividad, en un país bien necesitado de este tipo de espacios de exposición.

+ Información: 
Blog de Jorge Montaña
+ Información: 
Los Makers- Makerstation

Comentarios

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